lunes, julio 18, 2016

Mariposas disecadas

...El cura se maravillaba de todas estas disposiciones, aunque la religión de Emma, creía él, pudiese, a fuerza de fervor, acabar por rozar la herejía a incluso la extravagancia. Pero, no estando muy versado en estas materias, tan pronto como sobrepasaron cierta medida, escribió al señor Boulard, librero de Monseñor, para que le enviase algo muy selecto para una persona del sexo femenino, de mucho talento. El librero, con la misma indiferencia que si hubiera enviado quincalla a negros, le embaló un batiburrillo de todo lo que de libros piadosos circulaba en el mercado. Eran pequeños manuales con preguntas y respuestas, panfletos de un tono arrogante en el estilo del de Maistre, especie de novela,encuadernadas en cartoné rosa, y de estilo dulzón, escritas por seminaristas trovadores o por pedantes arrepentidos. Había allí el Piense bien en esto; El hombre mundano a los pies de María, por el señor de..., condecorado por varias Ordenes; Errores de Voltaire, para uso de los jóvenes, etc.
Pero Madame Bovary no tenía todavía la mente bastante lúcida para dedicarse seriamente a cosa alguna; por otra parte, emprendió estas lecturas con demasiada precipitación. Se irritó contra las prescripciones del culto; la arrogancia de los escritos polémicos le desagradó por su obstinación en perseguir a gente que ella no conocía; y los cuentos profanos con mensaje religioso le parecieron escritos con tal ignorancia del mundo, que la apartaron insensiblemente de las verdades cuya prueba esperaba. Sin embargo, persistió y, cuando el libro le caía de las manos, se sentía presa de la más fina melancolía católica que un alma etérea pudiese concebir.
Madame Bovary. Gustave Flaubert