martes, junio 22, 2010

Dos pérdidas

El mundo ha sufrido dos pérdidas grandísimas estos últimos días, dos escritores a los que leía con mucha frecuencia y de los cuales me faltaba todavía mucho por aprender. Carlos Monsiváis y José Saramago sufrían ambos de esa irresistible necesidad de develar a si mismos y a los demás la cruda verdad del mundo que compartimos, y de resultar terriblemente incómodos para quienes gobiernan los países, para quienes se creen dueños y señores de este mundo y con derecho de apropiarse de los recursos naturales, del trabajo de los demás, de la libertad y hasta de la vida de las personas, para los que hacen de la democracia un juguete de sus deseos, para quienes nos engañan, nos presionan y matan nuestras conciencias. ¿Quién se atreverá ahora a destapar las tumbas blanqueadas? ¿Quién nos mostrará el lobo debajo de la piel de oveja? ¿Quién nos informará? ¿Quién es ahora el responsable?

Todos. Ellos nos pasan la estafeta. Todos debemos ser ciudadanos y cumplir con el gran honor que estos dos grandes hombres nos heredan, y que es la mejor herencia que nos pueden dejar: ser ciudadanos, y llevar esta responsabilidad hasta el colmo de sus consecuencias, como ellos nos enseñaron.