lunes, septiembre 28, 2009

Leo, luego existo

Alberto Estrella (Principio y Fin) y Víctor Carpinteiro (Morir en el Golfo) tuvieron la amabilidad de visitar este pueblo de cuatreros, narquillos y tragones, para traernos el evangelio de la infinita aventura que es abrir un libro y leerlo. Asistimos aquellos pocos que nos interesaron los carteles diminutos que anunciaban "Leo, luego existo" lo suficiente como para asistir a la cita el pasado Jueves 24 de Septiembre a las 8 de la noche.

La pequeña sala de la Casa de la Cultura Sahuayense se llenó y se desbordó con algunas 300 personas que demostraron fervoroso interés en las lecturas, lo cual es la cantidad mínima, creo yo, para explicar porqué Dios todavía no ha mandado las piedras de fuego sobre nosotros y nos ha borrado del mapa, como el Macondo, como el pueblo en vilo que somos.

Alberto y Víctor leyeron textos de José Emilio Pacheco y Víctor Hugo Rascón Banda. Textos anecdóticos de la ciudad y del campo escritos por algunas de las mejores plumas de México. Después interpretaron cada uno un breve monólogo.

Me confieso admirador de Estrella, y lo recuerdo sobretodo por aquella interpretación de Perfume de Gardenias tiene tu boca, en la película Principio y Fin donde es el hermano prostibulario y pródigo de Ernesto Laguardia, que hace del hermano bueno. Caín y Abel en extraordinarias actuaciones y extraordinaria película. Así que verlo en vivo en un monólogo fue sublime.

Por si no fuera suficiente invitaron al público a que expresara sus opiniones sobre lo ocurrido, invitación que aceptaron varios, desde los viejitos hasta los niños. No se marcharon hasta que la concurrencia quedó saciada de fotos y autógrafos.

Bien por Carpinteiro y Estrella, bien por el INBA. El programa Leo, luego existo, continuará. Ya les contaré.

La noticia en Ecos de la Costa.

jueves, septiembre 10, 2009

Héroes entre nosotros

De ser cierta, como parece serlo, la historia de Romana Josefa, publicada en la revista Proceso, nos brinda un poco de luz a nuestros corazones afligidos y nos hace creer que en esta gran Sodoma mexicana todavía quedan algunos héroes cuya manufactura de oro no ha sido corrompida por la vorágine general que nos hace darnos mordidas los unos a los otros en una carnicería perruna, y que alienta la esperanza de otro nuevo México que surja de las cenizas de éste, vil.