domingo, enero 11, 2009

El juego de los abalorios II

Corría el año 1990 cuando yo estaba por terminar mis estudios universitarios y la idea extendida y generalizada, para nosotros los que pensabamos en un futuro próximo dedicarnos al desarrollo de software, era que prácticamente todas las necesidades de la humanidad estaban ya cubiertas por la oferta existente. Es decir, la imaginación colectiva no iba mucho más alla de los primitivas hojas de cálculo, procesadores de palabras y herramientas de dibujo tipo Paint. Quizá encontraríamos trabajo como maestros, personal de limpieza de un centro de cómputo o en el mejor de los casos operadores de estas herramientas, pero como programadores, nada, porque ya todo estaba dicho. Casi 20 años después, y con la aparición de decenas de miles, quizás cientos de miles de nuevas aplicaciones que en aquellos tiempos no existían, yo sigo navegando contra corriente y tengo la fuerte impresión de que, en cuanto a aplicaciones de software, todavía nos falta un buen camino por recorrer.

Quién, en aquellos lejanos tiempos, se podía imaginar la omnipresencia que iba a cobrar la Internet. Ni siquiera sabíamos lo que era el HTML, y nadie se podía imaginar para que podría servir el XML, mucho menos la importancia que ahora tiene. Nadie imaginaba un blog, un MMORPG, el Twitter o los demás ejércitos de aplicaciones enfocadas a las redes sociales, la mensajería instantánea, los formatos MP3 o AVI ni la importancia de un firewall, un anti-spam, o cosas más técnicas pero igual de importantes como la programación orientada a objetos con sus IDEs, la minería de datos, los reporteadores y graficadores, y algunos otros miles de términos a los cuales se asocian otras decenas de miles de aplicaciones de software. Este campo de la ingeniería tiene una vitalidad que no muestra ningún signo de envejecimiento. El repositorio SourceForge.net, por ejemplo, alberga 180,000 proyectos de software. El portal download.com ofrece 100,000 programas entre freeware y shareware.

Sin embargo parece que el apetito de la humanidad por desarrollos tecnológicos no ha cesado; incluso, para países como el mío, parece que todavía está lejana la construcción del puente que cruce la brecha digital que nos separa de los países más desarrollados. Todavía demasiadas cosas se hacen innecesariamente a mano, se cruzan demasiados documentos físicos (papeles) de una mano a otra, de una dependencia gubernamental a la siguiente. La duplicidad de información, uno de los enemigos más primitivos a vencer en cualquier sociedad tecnológica, aquí todavía campea sin que, al parecer, los burocratas se hallan dado cuenta siquiera de qué significa. No existen estándares de comunicación de información, aunque el XML ya cumplió diez años y el OpenDocument seis. Si las pruebas de coeficiente intelectual pudieran ser aplicados a los países, México resultaría con grave retraso mental. No hay un futuro tecnológico, peor aún, no hay un futuro, para un país que se toma demasiado a la ligera estos problemas.

Y eso que no hablo de nuestra triste y entreguista posición frente al software libre, que nos compromete aún más y nos pinta un panorama aún más sombrío.

Desafiante perspectiva para la ingeniería de software en nuestro país para este 2009 (y creo que en muchos otros países) si a esto añadimos los pronósticos económicos. Sin embargo, para mi el enfoque es otro: creo que es un amplio campo para las oportunidades. He visto tantas empresas que ocupan tanto de un buen software para potenciar su funcionamiento, que creo no me alcanzan varias vidas para satisfacer las necesidades. Tal vez los ingenieros de sistemas tenemos mucho de aquel hombre flaco, idealista y algo loco que se montaba en su famélico caballo y se ponía a luchar contra los molinos de viento.

martes, enero 06, 2009

El genocidio del pueblo palestino


No apresuren demasiado sus deseos optimistas y esperanzadores de año nuevo. La situación no está para buenos deseos. Los puercos judíos, azuzados por la oligarquía yanqui siguen su campaña de exterminio contra el pueblo palestino. En éste artículo de prensa nos puden abrir un poco los ojos sobre lo que realmente ocurre, aunque, como dicen en mi pueblo, los perritos abren los ojos a la semana, los pendejos nunca.