viernes, julio 10, 2009

Thriller

No tengo ninguna barrera mental para asimilar que Michael Jackson, músico y entertainer norteamericano recientemente fallecido, halla sido un pedófilo y drogadicto, halla sido objeto de abuso sicológico o de algun otro tipo en la infancia, y como consecuencia o no de ello halla desarrollado una madurez atrofiada, o que su inmensa fortuna lo halla hecho perder suelo, o algun otro defecto pequeño o grande que quiera imputársele. Sin embargo, siendo sincero, estos aspectos de su compleja personalidad ni me quitan el sueño, ni ocupan en el devenir de mis ideas por mis canales neuronales mas que una porción muy pequeña, en comparación con la intriga y el interés que me produce su faceta como músico, como bailarin, como, en fin, un artista.

Si quiero establecer un orden cronológico en este homenaje, o mejor será decirlo en esta pequeña memoria, tengo que remontarme al año 1983, cuando yo era un recién adolescente y para la fecha apenas había escuchado unos pocos y viejos acetatos de 33 y 45 revoluciones, pero que ya habían despertado en mi el gen musical. Descubrí a Michael Jackson por la radio y muy pronto me convertí en su fan incondicional. Por esos tiempos me enfermé de laringitis o bronquitis o algo por el estilo. Lo recuerdo perfectamente porque el día que me curé, la soleada mañana que la fiebre cedió, transmitían en la radio una de las canciones de Thriller, muy probablemente Billie Jean, lo cual hoy me remite, aunque entonces no lo sabía, a las aseveraciones de Satie de que la música cura, y al cuarteto de Beethoven, "canción sagrada de agradecimiento de un convaleciente a la Divinidad, en el modo lidio".

Al poco tiempo adquirí el LP. Era el primero que compraba. Mis días se vestían de colores escuchando Thriller, Beat it o Wanna be startin' somethin', pero mi preferida siempre fue ese dulce lamento en colores marinos que era Billie Jean. Mi mamá dudaba de mi sano juicio. A diferencia de otros grandes éxitos populares de esa época, como Prince y Madonna, los cuales eran como esa lujosa y frágil casa del vecino rico a la cual va uno de visita y admira con cautela, Thriller era para mi como mi propia casa, a la cual entraba, me quitaba los zapatos o me acostaba en todas sus camas.

Pero en la pocilga pestilente que era mi ranchito por ese tiempo, mi fanatismo no podía prosperar. Muchos, pero muchos años después, cuando ya era un universitario y pude salir al mundo real, me enteré que ese portento musical tan sólido y vehemente que era Thriller, había vendido en el mundo 28 millones de copias, lo cual lo convertía en el álbum mejor vendido de la historia (ya ha acumulado 109 millones), que permaneció en el primer lugar de las listas por 37 semanas, y que después de Thriller siguió su aventura musical con otros álbumes. Pero ya era muy tarde, en esos tiempos ya estaba yo involucrándome con Stravinsky, Bártok y el jazz, así que mi fanatismo cayó en latencia y no me volví a acordar demasiado de Jackson y su música. Hasta que hace unos pocos días...

Hay quien por el solo hecho de que un evento musical sea demasiado exitoso, ya sea en dinero o en popularidad, lo rechaza como vulgar. A mi nunca me ha importado demasiado eso. Hoy escucho con la misma devota emoción un cuarteto de Beethoven o una canción de Michael, un pasodoble, un fox-trot (¿sabe alguien ahora lo que es un pasodoble o un foxtrot?) o a Weezer o a TV on the Radio o a The Arcade Fire. Los hombres son unos monstruos con pies de hombre, pero cuerpo de elefante. Tienen a su cuesta un gran cargamento de prejuicios, miedos y mezquindades que no los deja dar un solo paso en sus gustos o en sus conceptos. El gran prejuicio de oro, sobretodo de los jóvenes, es que la música antigua es tonta, aburrida o ridícula. Con su superafinado sentido para huir del ridículo, rechazan esta música antes de escucharla siquiera. Michael Jackson hoy es la prueba viva de que a la buena música, como a los buenos vinos, el tiempo les sienta muy bien. Ayudado sin duda un poquito por los medios, las ventas de todo su material sonoro se ha disparado a las nubes.

Pero para hacer honor a la verdad, tampoco creo que MJ sea el gran genio de la música que halla operado desde la soledad para crear unas grandes obras de arte, á la Beethoven. Su genio consistió en rodearse de la mejor gente en todos los ámbitos. Thriller fue producido por un hombre que tangencialmente todavía recordaron los medios ahora que MJ falleció, un hombre de edad llamado Quincy Jones. Nacido en 1933, ha sido productor, conductor, arreglista, compositor de películas y trompetista. Estudió composición y teoría musical con Nadia Boulanger y Oliver Messiaen, pónganse de pie y hagan una reverencia si saben quienes son Boulanger y Messiaen. Fungió como arreglista de canciones para Sarah Vaughan, Count Bassie, Duke Ellington, Gene Krupa y Ray Charles, su íntimo amigo. Admirable. Hay una delgada línea que va de MJ hacia atras en el tiempo a Quincy Jones, de éste a Boulanger y Messiaen, luego a Paul Dukas, Widor y Marcel Dupré, porque éstos fueron maestros de aquellos, hasta llegar a Debussy, amigo de Dukas e influencia directa de los demás. Así podríamos seguir hasta Beethoven. Si escuchan con atención todo el disco Thriller van a encontrar aquí y allá secuencias armónicas, acordes y contrapunto, ritmos cruzados y demás fauna que no pueden venir más que de un músico bastante profesional y bastante dotado, uno del tipo de Quincey Jones.

Además tenemos la guitarra de Eddie Van Halen en Beat It, la voz de McCartney en The Girl is Mine, las colaboraciones del compositor y multi-instrumentalista James Ingram, y de Rod Temperton, el compositor de la canción que da el título al álbum, las percusiones de Paulinho da Costa. Por último y no menos importante, la voz de amplio registro y de inconfundible timbre de Michael Jackson. Descanse en paz.

2 comentarios:

Champy dijo...

Verdad que con eso es suficiente?

Caminante dijo...

Entre tanta información generada en los últimos días (es un decir) se agradece un post como este donde los lugares comunes no son tan comunes.