viernes, marzo 28, 2008

La región más transparente

Ando con razón de diferentes asuntos por Playa del Carmen. La misma quinta avenida, las mismas playas, los mismos gringos, europeos, argentinos, la misma destrucción ecológica de siempre, la misma desecación de los manglares, en fin, el lugar entrañable y detestable de siempre, pero el otro dia de paso por SAMS me encuentro el libro de Carlos Fuentes, La región más transparente. Esto cambió de un plumazo mi rutina.

Escritor que te obliga a ser tan inteligente y culto como él, que te exige en cada línea, en cada palabra. Para quien pueda salir adelante de esta exigencia, es una experiencia catalítica de la inteligencia. Ya me heché La muerte de Artemio Cruz, que representó un reto fenomenal para mi pobre inteligencia. La región más transparente parece también difícil, pero es deliciosa. Desde su título evoca a la Ciudad de México. Esta novela cumple 50 años de su aparición, lo que es un pretexto más para leerla, a los que no la hemos leído.

jueves, marzo 20, 2008

Mariposas disecadas

Is true that my form is something odd,
But blaming me is blaming God;
Could I create myself anew
I would not fail pleasing you.
If I could reach from pole to pole
Or grasp the ocean with a span,
I would be measured by the soul;
The mind´s the standard of the man


Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo
me haría de modo que te gustase a ti.
Si yo pudiese alcanzar de polo a polo
o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma,
porque la verdadera medida del hombre es su mente.

Isaac Watts, Horae Lyricae, y Joseph Merrick, el "Hombre Elefante"

domingo, marzo 02, 2008

Sobre Luis, San José, Juan, Juanito y Jean

La noche de ayer tuve la dicha y el placer de escuchar al historiador francés adoptado por nuestro país, Jean Meyer, y tuve la oportunidad de enterarme como insospechadamente mis regiones geográficas tienen que ver con la historia de México.

La familia de Jean proviene de Alsacia, una región al este de Francia famosa por sus vinos, de la que tuvieron que huir en la II Guerra Mundial por la invación nazi. Se afincaron después en Provenza, al sur del mismo país. Especificamente en Niza, casi frontera con Italia.

El doctor Meyer contó como comenzó a estudiar historia en La Sorbona de París. Sus asesores le recomendaron que hiciera su tesis sobre la historia de los Estados Unidos. Por tal motivo, y teniendo la oportunidad, hizo un viaje a dicho país junto con otro compañero de estudios. Una vez en Nueva York compró un automóvil para poder moverse a través del país. Sin embargo su viaje no se limitó a esas fronteras. Cruzó hacia México, y le sucedió seguramente una de esas experiencias para las que estamos escasamente preparados pero que se aparecen ante nosotros como verdaderas revelaciones. Su compañero jamás regresó, pero él llegó para establecer un largo romance con ésta patria latina, que perdura hasta nuestros días.

De regreso a su universidad, no lo dudó ni un instante. Se dirigió a su asesor principal y le dijo que su tesis no la quería realizar sobre los EEUU, sino sobre la Revolución Mexicana. El maestro accedió generosamente, aunque le advirtió que su experiencia en esos temas era nula. Buscó entonces Jean Meyer ayuda en otras fuentes, y, de nuevo providencialmente, se aparece en escena un sacerdote jesuita que le aconseja: mire, si usted desea hacer una tesis sobre historia de México, porqué no selecciona una página en blanco, algo sobre lo que nadie más ha escrito: la Revolución Cristera. ¿La qué? contestó Meyer. Jamás había oído hablar sobre el asunto.

De regreso en México y para realizar su investigación conoció a Juan José Arreola, que le dijo "vente, vamos a platicar con Juanito". Se refería a su tocayo y prácticamente paisano Juan Rulfo. Dice Meyer que a Rulfo solo le hizo dos preguntas. Eso fue suficiente para que le hiciera una reseña completa de la Cristiada. También conoció a Luis González y González, historiador michoacano y fundador de la microhistoria en nuestro país. Aquí es donde los pasos de Meyer se comienzan a acercar a mis lares. Luis González es originario de San José de Gracia, una ciudad pequeña de reciente invención (con apenas un centenar de años de existencia) y en cuya fundación tuvieron un papel fundamental los pobladores de mi Macondo, Michoacán. Don Luis llevó a Monsieur Jean a su pueblo natal a que platicara con Anatolio Partida, uno de los máximos líderes del frente cristero. Así pudo abrevar directamente de las fuentes, de los autores de la historia.

Como soy mal escritor no puedo explicar lo que todas estas relaciones interpersonales y geográficas significan, pero tal vez de cualquier manera sería necesario que el lector se trasladara físicamente a San José de Gracia, Mich. Que observara los rostros de las personas que ahí habitan, que platicara con ellos, que probara los quesos, la crema y el jocoque de esa tierra, que caminara sus calles y oliera sus bosques. A los mexicanos nos enseñan en la escuela que nuestra raza es el producto del mestizaje entre españoles y nativos. Un día después de muchos años de estar encerrado en las aulas sale uno a conocer su país, y se da cuenta, casi en un shock, que la cosa es mucho más complicada. A unos 10 minutos al sur de San José, a través de un hermoso camino de coníferas, se encuentra la ciudad de Mazamitla (lugar de caza de venados), que ya es Jalisco. A veces he pensado que no solo es la frontera entre dos estados, es la frontera entre dos mundos, ahora ya un poco desvanecida, pero todavía con remanentes impresionantes de las diferencias. San José y Mazamitla, tan cercanas y lejanas a la vez.

No me malinterpreten, no creo en la superioridad de tal o cual raza o cultura. Ambas me parecen magníficas. También respeto muchísimo los dos puntos de vista encontrados de Cristeros y Federales, y creo que los dos tienen parte de razón. Lo que fue lamentable es que estas diferencias hallan llegado al derramamiento de mucha, pero mucha sangre. (Me acuerdo que en otra entrevista Meyer contó como en Francia quisieron establecer una parecida ley anticlerical, y ante la oposición popular, un estadísta francés dijo estas sabias palabras: "esta ley y todas las leyes de Francia no valen el derramamiento de una sola gota de sangre de un ciudadano francés".)

También es lamentable que a los niños y jóvenes en la escuela no les enseñen en forma imparcial y desapasionada esta parte tan importante de la historia de México. El aprendizaje de la historia llega en nuestro país y finaliza con la Revolución Mexicana, que equivaldría a suponer que en los anteriores 100 años no ha sucedido absolutamente nada interesante.

Si no pueden viajar, les recomiendo encarecidamente la lectura de Pueblo en Vilo, de Luis Gonzáles, que cuenta las peripecias de un pueblo por sobrevivir al destino macondiano, pero si pueden, el próximo 19 de Marzo, día de la celebración del Santo Patrono, es una oportunidad perfecta para estar en contacto con las fuentes primarias. Ahí nos vemos, puede que hasta les presente a alguna Fuente Primaria nada despreciable.