viernes, noviembre 03, 2006

Una canción purhépecha


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Otra de las grandes vertientes de mi gusto musical es el folklor de todo el mundo, y tengo la firme convicción de que mi puerta de entrada debe ser la música nativa de mi propia región. No soy sangre estancada, algunas gotas vienen seguramente del otro lado del mar, de la lejana España (me gusta pensar que tengo algo de moro también), pero otras gotas deben de ser sin duda de aqui mismo, de la tierra en que nací, y estoy orgulloso de ello. Como no estarlo.

Aqui, no exactamente aqui, pero muy cerca, habita el pueblo Purhépecha, también conocido como Tarasco. Es una de las etnias indígenas de México, pero una muy peculiar. La abrumadora mayoría de las lenguas prehispánicas que se hablaron y se hablan todavía, o pertenecen a la familia Mexica, o a la Maya. Entiendo que estas dos grandes corrientes se dividen en una gran cantidad de idiomas que son hablados a todo lo largo y ancho de América Norteña. No sucede así con los purhépechas. Su lengua es única. No pertenece a ninguna familia lingüística. No se sabe por tanto de que antiguo idioma proviene. No tiene "hermanos" ni "padres". (El español, como el italiano, francés, catalán, portugués, etc., proviene del latín, por ejemplo) En esto se distingue de todas las lenguas del mundo en la cual sus únicos rivales son el vasco, hablado en el norte de España y parte de Francia, y el japonés. Es de admirar que en el mundo monolítico que habitamos estos pueblos todavía defiendan sus costumbres y su identidad.

Así como son únicos en su idioma, son únicos en su raza, en su cultura y en su música. Sus canciones se llaman pirecuas, y hay algunas muy conocidas, como Josefinita, Male Severiana, Male Consuelito, Flor de Canela. Es característico el ritmo de hemiola, en el cual en cada compás hay seis notas, pero a veces se agrupan en 3-3, aveces en 2-2-2, creando vivacidad rítmica. La hemiola no es exclusiva de la música purhépecha, múltiples ejemplos se pueden observar en la música de Bramhs, Mozart, y muchos más, pero el uso que de este patrón rítmico hacen los tarascos, junto con sus peculiares lineas melódicas y su color instrumental transparente, son inconfundibles.