viernes, septiembre 29, 2006

Mariposas disecadas (ex abrupto)

A la primera persona que me ayude a comprender
pienso entregarle mi tiempo, pienso entregarle mi fe,
yo no pido que las cosas me salgan siempre bien,
pero es que ya estoy harto de perderte sin querer (querer).

A la primera persona que me ayude a salir
de este infierno en el que yo mismo decidí vivir
le regalo cualquier tarde pa' los dos,
lo que digo es que ahora mismo ya no tengo ni siquiera dónde estar.

El oro pa' quien lo quiera pero si hablamos de ayer:
es tanto lo que he bebido y sigo teniendo sed,
al menos tú lo sabías, al menos no te decía
que las cosas no eran como parecían.

Pero es que a la primera persona que me ayude a sentir otra vez
pienso entregarle mi vida, pienso entregarle mi fe,
aunque si no eres la persona que soñaba para
¿qué voy a hacer? Nada.

¿Qué voy a hacer de los sueños?
¿Qué voy a hacer con aquellos besos?
¿Qué puedo hacer con todo aquello que soñamos?
Dime dónde lo metemos.

¿Dónde guardo la mirada que me diste alguna vez?
¿Dónde guardo las promesas, dónde guardo el ayer?
¿Dónde guardo, niña, tu manera de tocarme?
¿Dónde guardo mi fe?

Aunque lo diga la gente yo no lo quiero escuchar,
no hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes na,
niña, tú lo ves tan fácil, ¡ay amor!
pero es que cuanto más sencillo tú lo ves, más difícil se me hace.

A la primera persona que me ayude a caminar
pienso entregarle mi tiempo, pienso entregarle hasta el mar,
yo no digo que sea fácil, pero, niña,
ahora mismo ya no tengo ni siquiera dónde estar.

A la primera persona que no me quiera juzgar
pienso entregarle caricias que yo tenía guardás,
yo no pido que las cosas me salgan siempre bien
pero es que ya estoy harto de perderte.

Y a la primera persona que me lleve a la verdad
pienso entregarle mi tiempo, no quiero esperar más,
yo no te entiendo cuando me hablas ¡qué mala suerte!
y tú dices que la vida tiene cosas así de fuertes.

Yo te puedo contar cómo es una llama por dentro,
yo puedo decirte cuánto es que pesa su fuego,
y es que amar en soledad es como un pozo sin fondo
donde no existe ni Dios, donde no existen verdades.

Es todo tan relativo, como que estamos aquí,
no sabemos, pero, amor, dame sangre pa' vivir,
al menos tú lo sabías, al menos no te decía
que las cosas no eran como parecían.

Y es que a la primera persona que no me quiera juzgar
pienso entregarle caricias que yo tenía guardás,
niña, tú lo ves tan fácil, ¡ay amor!
pero es que cuanto más sencillo tú lo ves,
más difícil se me hace.

A la primera persona que no me quiera juzgar
pienso entregarle caricias que yo tenía guardás,
yo no digo que sea fácil, pero, niña,
ahora mismo ya no tengo ni siquiera dónde estar
(ni siquiera dónde estar).


Alejandro Sánchez Pizarro

jueves, septiembre 21, 2006

Tregua

Hoy es uno de mis días preferidos de todo el año. El Dios de los Huracanes nos ha dado una pequeña tregua, o mejor dicho, se ha quedado un momento paralizado ante la presencia gélida del Dios del Norte que desde su reino en las lejanas y oscuras regiones polares expide un vaho, apenas perceptible, anunciando su próxima venida. Tomada por sorpresa, a la Laguna de Chapala se le pone la piel de gallina. También cambia su color a un azul metálico. Todavía hay un gran rebaño de nubes en la atmósfera, pero estan como a la expectativa, dudando entre convertirse en tormenta o en alargarse, alargarse y volverse pinceladas en el cielo. En esta duda las sorprende el crepúsculo gris.

Vienen estas nubes del mar con las nuevas de que la arena está más amarilla que nunca y el agua tibia y acogedora. Nos esperan las palmeras, que lloran por nosotros; nos espera la noche, compañera de danza del mar. El gran mar, que no sin razón los españoles llamaron Pacífico.

La batalla no está totalmente ganada. En estas fechas el Dios de los Huracanes de repente se da una última sacudida, negándose a morir, y puede arrojar, así como no queriendo la cosa, otras tantas miles de toneladas de agua y viento desde su hogar en alguna pequeña isla de caribe. Pero es impensable que lo haga como en sus mejores tiempos, está herido de muerte. Luego el otro reinará con su aire señorial y su trato imponente, distante, pero generoso. Nos regalará con grandes calabazas en dulce y tatemas de elotes, ollas de uchepos y conservas de ciruelas, entre otros regalos incomparables. Para disfrutar mientras nos alimentamos, nos regalará también las lunas más hermosas del año, tardes refrescantes y otras muchas sorpresas para aquel que sea suficientemente sensible como para descubrirlas o redescubrirlas.

Nos regalará también el sonido más hermoso del idioma español, en tres sílabas con la letra o: la letra del vaho, la letra del frio, la letra que suena en las olas al romper. Además tendrá esta palabra otra letra, amarilla y metálica, como el oro, como las hojas doradas de los castaños, y que es el privilegio más exclusivo de todas las lenguas, porque ningún otro idioma la posee: la letra ñ. Juntas, formaran este hermoso sonido: otoño.

Hoy comienza el otoño.

miércoles, septiembre 20, 2006

La democracia del miedo

El mejor artículo que sobre la política en México, y en particular el proceso electoral de éste año, del que yo haya tenido noticia. Es de Lorenzo Meyer, para mí uno de los hombres más valiosos en su país por su independencia de opinión (por no haberse vendido, como tantos otros). Lo tomé del blog Colectivo Yolotlahtoli.

El espíritu (enfermo) de nuestra democracia
Lorenzo Meyer.

El miedo que se infundió en un amplio número de ciudadanos desde el gobierno pone a los mexicanos a temerle a la democracia. En un afán por proteger a los grupos de poder, podemos poner en riesgo la paz social.
Hipótesis.

Una democracia construida sobre la base del miedo no es otra cosa que miedo a la democracia. ¿Puede ser éste el caso de México? Niall Ferguson, el historiador de Harvard, explica algunos de los grandes estallidos de violencia regional en el siglo XX como consecuencia imprevista de la decadencia de los imperios y del miedo que eso genera. En efecto, la desintegración de una forma autoritaria de control inevitablemente produce reacciones de miedo entre las élites que hasta entonces se habían beneficiado de ese modo no democrático de gobernar. A los hasta entonces ganadores les invade un temor que puede convertirse en disparador de acciones mal concebidas que pueden desembocar no sólo en resistencia al cambio sino en tragedia, como ocurrió, por ejemplo, en India al momento en que los británicos se retiraron después de la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, esta sencilla hipótesis puede adaptarse al caso mexicano y arrojar luz, no sobre una violencia que hasta ahora se ha evitado, sino sobre los orígenes del miedo, las resistencias y la crispación de ciertos grupos e intereses privilegiados que se niegan a modificar los viejos arreglos ("The Next War of the World", Foreign Affairs, septiembre/octubre, 2006).

La decadencia que se inició hace ya cuatro decenios en ese peculiar tipo de imperio hacia adentro que fue el largo régimen priista en México en el siglo XX, concluyó en el año 2000 con lo que parecía un cambio real de régimen. En el primer momento, no hubo reacción adversa de importancia de los grandes intereses creados durante la larga estabilidad autoritaria: empresarios nativos o extranjeros, sindicatos, alta burocracia, alto clero, Ejército, etcétera. Las clases dominantes no sintieron mayor temor porque, en esencia, el arranque de la democracia electoral mexicana resultó ser un juego muy seguro para ellas. Y es que, forzosamente, la contienda del 2000 tendría que concluir con una continuación del PRI, o con un gobierno encabezado por el PAN, pues la izquierda ya había perdido la fuerza mostrada en 1988, el año del gran fraude. En esas condiciones, quien fuera el ganador terminaría por apoyarse en la misma trama de intereses. Es más, Vicente Fox resultaba incluso una mejor opción porque daría la sensación de cambio y renovaría la legitimidad del sistema de poder y control pero mantendría el statu quo.

Seis años después la situación fue otra pues se había abierto de nuevo la posibilidad de un triunfo de la izquierda. Una izquierda no revolucionaria pero que podía afectar ciertos arreglos ilegítimos hechos bajo el antiguo orden y preservados por Fox. Una izquierda que mantendría el capitalismo pero que trataría de poner el acento en la disminución de la inequidad en la distribución del ingreso, en la mejora de la recaudación fiscal -un fisco que apenas recauda el 12 por ciento del PIB no puede hacer frente a los compromisos de la izquierda-, en su oposición a la privatización del petróleo y la energía eléctrica. En fin, que lo que no estuvo en juego en el 2000 sí lo estaba en el 2006 y eso alarmó y atemorizó a nuestras muy conservadoras élites empresariales, a la alta burocracia panista, a ciertos obispos, y a parte de lo que queda del antiguo régimen como el SNTE o ciertos gobiernos locales priistas.

La atmósfera del miedo

No se necesita ser un observador agudo para detectar que el temor mezclado con el enojo fue un componente central de la atmósfera que envolvió al proceso electoral adelantado. La defensa de los poderosos intereses creados ante la muy relativa amenaza de una izquierda no radical, empezó con el uso de los videos que pusieron en duda uno de los puntos fuertes del precandidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador (AMLO): su honradez. Fracasado ese intento, se puso en marcha un "Plan B" -el desafuero- para, finalmente, tras otra frustración, apostar todo a un "Plan M": el del miedo.Esta vez, la élite del poder, encabezada realmente por el presidente de la República y no por el candidato del PAN, logró su objetivo: transferir su temor a una buena parte de las clases medias e incluso a segmentos de las populares, mediante una bien diseñada y financiada campaña de angustia en televisión, radio, prensa e internet: AMLO presentado como "un peligro para México", como seguidor de los pasos de Hugo Chávez, como el que "te va a quitar tu casa", etcétera. La izquierda, de tiempo atrás confiada en las encuestas que aseguraban su triunfo, tardó en percatarse de los efectos de tamaña estrategia y cuando reaccionó, ya había perdido un tiempo y un espacio irrecuperables.Todo esto, más una serie de maniobras el día de la elección que hoy se dejan ver en los votos que sobraron o faltaron en las pocas casillas que se han logrado abrir, la actuación electoral "profesional" del SNTE, de ciertos gobernadores del PRI y de las instituciones electorales, especialmente del TEPJF, que reconoció que hubo infracciones importantes a la ley por parte del Presidente y de empresarios pero que, concluyó, no podían medirse con certeza y por eso no las tomó en cuenta, terminaron por imponer a duras penas -por medio punto porcentual- el triunfo formal de una derecha autodenominada "pacífica" sobre una izquierda calificada por ella como "violenta".

Los efectos del espíritu del miedo

Michael Lerner, un rabino norteamericano empeñado en hacer frente a la derecha religiosa que hoy domina el debate y la política en Estados Unidos, interpreta el choque político y cultural de Occidente en los últimos milenios como una dicotomía: un enfrentamiento entre dos visiones del mundo y de la naturaleza humana, entre "la voz del miedo y la voz de la esperanza". Para este autor, en contraste con el "paradigma de la esperanza", el "paradigma del miedo" se nutre de una visión donde cada individuo está en lucha con el resto y donde la vida es vista como un combate de todos contra todos. Desde esta atalaya la seguridad individual, familiar, comunal y nacional, depende de imponer los intereses propios sobre los del resto, antes de que ellos se impongan sobre los propios. Para quienes se guían por esta visión, el egoísmo y no la generosidad es lo único que finalmente tiene sentido. En la práctica, afirma Lerner, es la derecha la que está mejor equipada para sacar provecho de un entorno donde el factor dominante es ya el miedo ("The Voice of Fear and the Voice of Hope", Tikkun, Vol. 21, marzo/abril, 2006, pp. 25-33). Lo anterior se aplica perfectamente al caso mexicano.Un entorno donde domina el sentimiento de ansiedad y miedo -como fue el que crearon en ciertos sectores mexicanos la propaganda diseñada para el PAN por especialistas en campañas negativas como Dick Morris, norteamericano, y Antonio Solá, español (Proceso, 10 de septiembre, 2006)- bien puede afectar la capacidad de razonar, pues el temor lleva a que se dirija la atención colectiva a la supuesta amenaza y debilita la capacidad de asimilar correctamente la información. En ese ambiente, el individuo pierde capacidad de tolerancia, acaba por apoyarse en estereotipos y desarrolla animosidad a todo lo que es diferente. Tras revisar las últimas investigaciones en la materia, Leonie Huddy ha concluido que, por su naturaleza, el miedo tiende a perpetuarse, a retroalimentarse, especialmente si se fomenta por los medios de información y las dirigencias políticas ("Fear and How It Works: Science and the Social Sciences", Social Research, Vol. 71, No. 4, Invierno 2004, pp. 801-805). De nuevo, la generalización tiene su contraparte aquí y ahora.Cuando el miedo político logra invadir partes fundamentales de la sociedad, la libertad simplemente se hace imposible y la violencia, dentro o entre las naciones, se convierte en un desenlace probable. En tal contexto, el mejor o único antídoto no es otro que una buena educación. Sólo esa educación y la información de calidad permiten a los ciudadanos llegar a ser realmente tales y actuar libres de prejuicios en vez de ser manipulados por quienes usan el temor como instrumento principal (Stanley Hoffman, "Thoughts on Fear in Global Society", Social Research, Vol. 71, No. 4, Invierno 2004, pp. 1023-1036).

En este punto, el de la educación ciudadana, México tiene un gran flanco descubierto.De persistir la atmósfera de temor y prejuicio que fue fomentada por y desde el poder en la campaña electoral del 2006, México va a vivir una democracia del miedo. Y eso es una contradicción insostenible, pues finalmente se trataría de un miedo a la democracia, una condena a mantener una atmósfera de tensión, de desasosiego, que bien podría acabar con lo poco ganado desde el 2000 y con la paz social.

sábado, septiembre 16, 2006

Libros imposibles

No todos son unas peritas en dulce, que así se tenga por bien sabido la pluma los parió en castiza lengua castellana, por origen o por obra de los políglotas que los vierten desde otras lenguas que a esto se dedican, no es aventurado argüir que resultan algunos de tal oscuridad por lenguaje o por conceptos, que maguer tengamos por preclaro nuestro entendimiento, no con poca dificultad podemos entenderlos, mucho menos disfrutarlos o sacarles provechosa lección como el zumo a la fruta, si es que no nos ocasionan ofuscación y turbación o hasta un buen dolor de cabeza. Aunque salvados estos escollos, si nuestro sino así lo marcaba, podemos luego enorgullesernos de nuestra empresa y también, porque no, confeccionar una lista del top ten de los libros imposibles.

A la manera y la usanza de lo que la costumbre impone en nuestros días, y para hacerla un poco de emoción, este top ten se muestra a la inversa, desde el menos complicado, hasta el más terrible de los mamotretos o acertijos, que este su humilde servidor ha leído, así no haya salido bien librado en la lid.

10. La Divina Comedia, Dante Alighieri. A la mitad del camino de nuestro estante, me encontré con un libro oscuro, por haberme apartado de la televisión. !Ah! Cuan penoso me sería decir lo salvaje, áspero y espeso que es este libro, cuyo recuerdo renueva mi pavor, pavor tan amargo, que la muerte no lo es tanto, y sin embargo, apenas vencidas las primeras dificultades del adornado lenguaje y los abundantes conceptos metafísicos, resulta tan ameno y de una atmósfera tan peculiar, que, una vez concluido, es una de las experiencias más memorables de la vida.

9. La Odisea, o La Iliada, que para el caso es lo mismo, Homero. Por más difícil que sea leer una obra escrita hace 2800 años, sobre hechos acaecidos hace 3000, o más, este es uno de los pilares sobre los que descansa la cultura occidental y por tanto una lectura obligada.

8. Pedro Páramo, Juan Rulfo. Aquí el lector tiene que hacerla de vieja chimolera, chismosa, cotilla, y, lo que es peor, con fantasmas. Con las parcas conversaciones de estas parcas, que se hablan unas a otras sin mucho orden ni concierto de asuntos diversos, tiene uno que reconstruir una historia, que sin duda la hay. Algunas conversaciones, o sería mejor decir murmullos, de las últimas páginas, se relacionan con alguno de las primeras, por lo que es indispensable, por lo menos, leer el libro dos veces, para empezar a hilar unas con otras.

7. Don Quijote, Cervantes. Es considerada la primer novela moderna en español, su lenguaje está totalmente basado en el habla del vulgo y trata de cuestiones bastante cotidianas como para que sea considerado un libro difícil. Sin embargo es extremadamente largo, por eso merece el lugar 7 en esta lista.

6. Crimen y Castigo, Dostoyevsky. Por la misma razón del párrafo anterior. Es muy largo, aunque ni siquiera es el más largo de este autor (Los Hermanos Karamazov lo es más). Además aborda la psicología de los personajes con gran profundidad y detalle, lo cual hace de su obra una barrera muy difícil de vencer para cualquier lector moderno.

5. La interpretación de los sueños, Sigmund Freud. Ya estoy harto de escuchar que el sicoanálisis es una seudociencia, que no es un conocimiento formalmente adquirido por el método científico. Después de leer unas pocas páginas de este magno libro uno se convence de que eso es lo que menos importa; los temas tratados por Freud en sus libros resultan tan interesantes y son tratados con tanta profundidad y brillantez, que todo lo demás en este mundo, incluyendo por supuesto a sus críticos, parece mezquino y apagado. Este en particular es un libro dificilísimo, complejísimo, para leerse e interpretarse a través de toda una vida.

4. Rayuela, Julio Cortázar. Esta es una larga y compleja carta de amor, de Horacio, argentino radicado en París, a la Maga, madre soltera. Si es bien sabido que las cartas de amor normales se comienzan sin saber que se va a decir, y se terminan sin saber que se dijo, imaginen una carta de amor de más de 300 páginas.

3. Justine, Lawrence Durrell. Metáforas y más metáforas. Escritura bonita, sin duda. Más que una historia, es una intrincada serie de observaciones. Gasta tantísima tinta en describir a Justine, que al final uno termina odiándola irremediablemente.

2. Ulises, James Joyce. Si, una larga novela, si, más de mil páginas, si, que cuenta las peripecias de un Ulises judío en territorio católico, si, le pediré con los ojos que se de a entender, si, igual da este libro que otro, si, le dije, Si.

1. Deseo, Elfriede Jelinek. Esta mujer está enferma. Habla de asuntos que no puedo mencionar aquí, con un lenguaje que no puedo repetir aquí. A veces directamente, a veces de la forma más tangencial y enigmática que la humanidad haya sido capaz de concebir. Es un acertijo de tales proporciones que se tiene que leer con una regla de cálculo al lado, tablas de logaritmos, cartas astrales, tarot, una buena dotación de café y mucha, pero mucha entereza. Usa todas las artimañas posibles para hacerse odiar de cualquier tipo concebible de lector. Es cruel; cruel con la civilización, cruel con los lectores, cruel con la incultura y más cruel con la estupidez, cruel por su temática, cruel por su final, y sin embargo, algo te empuja hasta la última página.

domingo, septiembre 10, 2006

Mariposas disecadas

Para esas horas Chapultepec había quedado desierto. Ya no se escuchaba ruido de automóviles ni rumor de lanchas en el lago. Con una ramita, el niño se divertía en poner obstáculos al desplazamiento de un caracol. De pronto se abrió un rectángulo de madera oculto bajo la hierba rala del cerro y apareció un hombre que dijo a Rafael:
-Déjalo, no lo molestes. Los caracoles no muerden y conocen el reino de los muertos.
Salió del subterráneo, fue hacia la señora, le tendió un periódico doblado en dos y una rosa con un alfiler.
-Tenga para que se entretenga. Tenga para que se la prenda.

Tenga para que se entretenga, José Emilio Pacheco

jueves, septiembre 07, 2006

Mariposas disecadas

¡Si, yo también nací y viví en Arcadia! También supe lo que era caminar en la santa inocencia del corazón entre arboledas umbrías, bañarme en los arroyos cristalinos, hollar con mis pies una alfombra siempre verde. Por la mañana el rocío dejaba brillantes gotas sobre mis cabellos; al mediodía el sol tostaba mi rostro; por la tarde, cuando el crepúsculo descendía de lo alto del cielo, tornaba al hogar por el sendero de la montaña y el disco azulado de la luna alumbraba mis pasos. Sonaban las esquilas del ganado; mugían los terneros; detrás del rebaño marchábamos rapaces y rapazas cantando a coro un antiguo romance. Todo en la tierra era reposo; en el aire, todo amor. Al llegar a la aldea, mi padre me recibía con un beso. El fuego chisporroteaba alegremente; la cena humeaba; una vieja servidora narraba después la historia de alguna doncella encantada, y yo quedaba dulcemente dormido sobre el regazo de mi madre.

La aldea perdida, Armando Palacio Valdés

Mariposas disecadas

... Si el cielo o la suerte buena te hubiera hecho señor y legítimo poseedor de un finísimo diamante, de cuya bondad y quilates estuviesen convencidos cuantos lapidarios le viesen; y si todos a una voz y de común parecer dijesen que llegaba en quilates, bondad y fineza a cuanto se podía extender la naturaleza de tal piedra, y tú mesmo lo creyeses así sin saber otra cosa en contrario, ¿sería justo que te viniese en deseo de tomar aquel diamante y ponerlo entre el yunque y un martillo, y allí a pura fuerza de golpes y brazos probar si es tan duro y tan fino como dicen? Y más, si lo pusieses por obra, que, puesto caso que la piedra hiciese resistencia a tan necia prueba, no por eso se le añadiría más valor ni más fama; y si rompiese, cosa que podría ser, ¿no se perdería todo? Si; por cierto...

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, 1a., XXXIII, Miguel de Cervantes Saavedra
en Ábside, revista de cultura mexicana, XVI, México, 1952

martes, septiembre 05, 2006

viernes, septiembre 01, 2006

En todo momento he dado lo mejor de mi. México ha cambiado

  • Cuando pude negociar con el EZLN las causas justas de los indígenas y cambiar la inercia de quinientos años de explotación a los pueblos aborígenes de nuestras tierras, y no lo hice.
  • Cuando durante mi mandato asesinaron a Digna Ochoa, incansable defensora de los marginados, y en vez de develar el móvil y los responsables de este hecho, personas poderosas sin duda que defendían sus causas egoístas, permití que se dijera que había sido un suicidio y ensucié así la memoria de uno de los pocos héroes que nos quedaban.
  • Cuando olvidé por completo el asesinato de Colosio.
  • Cuando permití que Microsoft siguiera obteniendo ganancias a costa de los impuestos de la población, en vez de promover una iniciativa de software libre que no solo nos ahorrara miles de millones de pesos en estos años y los sucesivos, sino que permitiera el desarrollo de una tecnología de software propia.
  • Cuando rompí relaciones con Cuba, uno de los países latinoamericanos, uno de los países a los que más debemos voltear nuestra mirada porque nos ata un origen y un destino común, y una cultura y una sangre común.
  • Cuando di carpetazo al asunto de Pemexagate, dando mi consentimiento así de que sigan ocurriendo estos despojos a la nación.
  • Cuando maquillé y me hice el loco lo más que pude con respecto al Fobaproa, que convirtió la enorme deuda de unos cuantos en la deuda de todo el pueblo de México, con la que cargarán durante decenios por venir.
  • Cuando participé activamente en la descalificación del candidato presidencial de oposición, y puse todo de mi parte porque llegara el candidato oficial, traicionando así a la democracia y a todos los principios que defendí desde mi propia campaña presidencial.
  • Cuando despojé una vez más a la nación permitiendo que el oligopolio Televisa, TV Azteca y Telmex se apoderara de las nuevas tecnologías de la comunicación con la llamada Ley de Radio y Televisión, además de seguirles dando el poder para que se conviertan en los verdaderos amos del país, y atar nuestro destino al destino de su ambición ciega.

México ha cambiado, ahora ya no somos un país, somos un changarro.