jueves, abril 23, 2015

Se dice buenos días

...cuando el cartero entró macilento hacia la mesa clasificadora de correspondencia diciéndole un exangüe «buenos días», lo frenó con un dedo en el cuello, lo condujo hasta la percha donde colgaba el sombrero, se lo calzó hasta las cejas, y sólo entonces lo incitó a que repitiera el saludo.
-Buenos días, jefe.
-Buenos días -rugió.
El cartero de Neruda, Antonio Skármeta

Una mañana en que disimuló pacientemente bajo el farol de la esquina que la esperaba, cuando vio a Beatriz abrir la puerta de su casa, y saltó hacia ella rezando su nombre, irrumpió la madre en escena, la cual lo fichó como a un insecto y le dijo «buenos días» con un tono, que inconfundiblemente significaba «desaparece».
El cartero de Neruda, Antonio Skármeta

El director de una compañía citó a Peter para las diez de la mañana. Pepper llega puntualmente, se le hace pasar a un saloncito en el que esperan otras personas. Transcurren unos minutos. De pronto, se enciende una pantalla de televisión, y aparece en la pantalla el rostro del director, que dice:
—Buenos días, Mr. Pepper. Gracias por haber venido. Hemos tenido conocimiento de su proyecto, pero no nos interesa por el momento. Espero que algún día tengamos ocasión de trabajar juntos. Hasta la vista, Mr. Pepper.
Y ¡clac!, el televisor se apaga.
Mi último suspiro. Luis Buñuel.

«¡Buenos días tenga usted, Sir Patrick O’Grandison, Baronet, encanto! ¡Vaya apuesto caballero! Sepa usted que mis garridos cuarenta años están desde ahora a sus órdenes, hermoso mío, siempre que le parezca bien.»
Cuentos completos. Edgar Allan Poe.

...y era lo cierto que la ciudad, a esa hora legañosa, se veía casi desierta y el frailuco sólo tropezaba de vez en cuando con algún grupo de aguadores que le daban los buenos días en nombre del Señor o con algún leñador que desamarraba la carga del asno para satisfacer pedidos de casas principales...
La tejedora de coronas. Germán Espinosa.

No volví a tener ningún contacto con el rector hasta el año siguiente, cuando se hizo cargo de la cátedra de geometría en el cuarto grado. Entró en el aula el primer martes a las diez de la mañana, dio los buenos días con un gruñido, sin mirar a nadie, y limpió el tablero con la almohadilla hasta que no quedó ni el mínimo rastro de polvo.
Vivir para contarla. Gabriel García Márquez.

Era el sargento en persona, que me habría encontrado en su casa si me hubiera demorado cinco minutos más.
—Buenos días, blanco —me dijo con un tono cordial. Yo le contesté sin convicción:
—Dios lo guarde, sargento.
Vivir para contarla. Gabriel García Márquez.

Sólo entonces caí en la cuenta de que los vecinos de asiento en los aviones, igual que los matrimonios viejos, no se dan los buenos días al despertar.
Doce cuentos peregrinos. Gabriel García Márquez.

Se levantó al oír gritos y el apretado golpetear de pezuñas sobre el seco tepetate del camino. Una luz amarilla bordeaba el horizonte. Los arrieros pasaron junto a él, mirándolo. Lo saludaron: "Buenos días", le dijeron. Pero él no contestó.
El llano en llamas. Juan Rulfo.

- Gregorio –dijo por fin el padre desde la habitación contigua de la izquierda–, ha venido el señor gerente y pregunta por qué no tomaste el primer tren. No sabemos que contestar. Además, desea hablar personalmente contigo. Con que haz el favor de abrir la puerta. El señor tendrá la bondad de disculpar el desorden del cuarto.
- ¡Buenos días, señor Samsa! –terció entonces amablemente el gerente.
La metamorfósis. Franz Kafka.

¡Mal año pa las enjusticias contra la ley de Dios! Y mira que no me llegara la tuya tan al alma, si no te viera negar hasta los «buenos días» al venturado de arriba, que es un peazo de pan, de pies a cabeza, cuando na te paece bastante para el cerdo de mi sobrino.
Sotileza. José María Pereda.

Entró al fin la camarera, Buenos días, señor doctor, y posó la bandeja, con oferta menos pródiga de lo que había imaginado, pero incluso así merece el Bragança mención honorífica, no es extraño que tenga huéspedes tan constantes, algunos no quieren otro hotel cuando vienen a Lisboa.
El año de la muerte de Ricardo Reiss. José Saramago.

...la llamó con voz somnolienta y ella apareció en la puerta, aún con la llave, el pan, la leche y el periódico en las manos, dijo, Buenos días señor doctor, y él respondió, Buenos días, Lidia, así se habían saludado el primer día y así seguirán, nunca ella será capaz de decir, Buenos días, Ricardo, aunque él se lo pidiera, cosa que no hizo hasta hoy, ni hará, bastante confianza es recibirla así, desgreñado, con la barba crecida y hálito nocturno.
El año de la muerte de Ricardo Reiss. José Saramago.

Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tilo, los domingos por la mañana en Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa), cuando iba a darle los buenos días a su cuarto.
En busca del tiempo perdido. Marcel Proust.

...antes de entrar a dar los buenos días a mi tía tenía que esperar un momento en el primer cuarto...
En busca del tiempo perdido. Marcel Proust.

La Directora de la escuela dijo «Buenos días, niños», los alumnos contestaron a coro «Buenos días, señora Direc­tora».
Boquitas pintadas. Manuel Puig.

Aún siguieron hablando algunos minutos, y, después de darse las buenas noches o más bien los buenos días, los huéspedes del castillo fueron a acostarse.
Madame Bovary. Gustave Flaubert.

Ninguno de los colegas se apercibió de quién había venido, respondieron como de costumbre al saludo, dijeron, Buenos días, don José, y no sabían con quién estaban hablando.
Todos los nombres. José Saramago.

—No dijo ni buenos días. Me miró, me remiró y me plomeó.
Sombra de la sombra. Paco Ignacio Taibo II.

—Buenos días, esto es un asalto —dijo un enmascarado chaparro...
Sombra de la sombra. Paco Ignacio Taibo II.

No conocía el subway. Me había estado sintiendo demasiado rica para bajar a presentarme con él. Buenos días, señor Subway, soy la nueva pendeja que viene a devorarse Manhattan.
Diablo Guardían. Xavier Velasco.

El emperador Servio Galba... Siendo todavía joven mantuvo rigurosamente una costumbre abolida por todas partes en Roma, excepto en su familia, la cual consistía en revistar dos veces diariamente a sus libertos y esclavos, que se presentaban reunidos a la hora de levantarse y de acostarse, para darles uno a uno los buenos días y las buenas noches.
Los doce Césares. Suetonio.

domingo, marzo 01, 2015

Mariposas disecadas


Y cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres. Hay dos sentidos de la palabra subjetivismo, y nuestros adversarios juegan con los dos sentidos. Subjetivismo, por una parte, quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo, y por otra, imposibilidad para el hombre de sobrepasar la subjetividad humana. El segundo sentido es el sentido profundo del
existencialismo. Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de
nosotros se elige, pero también queremos decir con esto que, al elegirse, elige a todos los
hombres. En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que, al crear al hombre que queremos
ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser.
Elegir ser esto o aquello es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, porque nunca
podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros
sin serlo para todos. Si, por otra parte, la existencia precede a la esencia y nosotros
quisiéramos existir al mismo tiempo que modelamos nuestra imagen, esta imagen es valedera
para todos y para nuestra época entera. Así, nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo
que podríamos suponer, porque compromete a la humanidad entera. Si soy obrero, y elijo
adherirme a un sindicato cristiano en lugar de ser comunista; si por esta adhesión quiero
indicar que la resignación es en el fondo la solución que conviene al hombre, que el reino del
hombre no está en la tierra, no comprometo solamente mi caso: quiero ser un resignado para
todos; en consecuencia, mi proceder ha comprometido a la humanidad entera. Y si quiero
—hecho más individual— casarme, tener hijos, aun si mi casamiento depende únicamente de
mi situación, o de mi pasión, o de mi deseo, con esto no me encamino yo solamente, sino que
encamino a la humanidad entera en la vía de la monogamia. Así soy responsable para mí
mismo y para todos, y creo cierta imagen del hombre que yo elijo; eligiéndome, elijo al hombre.
...
Dostoievsky escribe:
“Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. Este es el punto de partida del existencialismo. En
efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado,
porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo
excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la
referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el
hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente
a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni
delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos
solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre.
Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una
vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.


El existencialismo es un humanismo, Jean Paul Sartre

viernes, enero 23, 2015

Mariposas disecadas

La inteligencia de las máquinas no se acelera, la inteligencia humana desacelera

Me temo que la escasez crónica de tiempo de nuestra era está empujando a muchas personas responsables en la toma de decisiones a tomar decisiones habiendo escuchado solo muy superficiales argumentos. El “tono de elevador” se ha hecho común incluso en la academia. Una reunión que dura más de 30 minutos es una rareza (de hecho, un lujo desde el punto de vista de los más poderosos, y por tanto más ocupados, ejecutivos). No puedes tener la atención de nadie por más de 20 minutos, pero algunos temas no pueden ser totalmente entendidos en 20 minutos; y algunos grandes científicos no son tan buenos en la retórica como lo son en su ciencia, lo cual significa que ellos podrían perder en una argumentación de 20 minutos incluso si están 100% correctos. Muchas discusiones se ven simplificadas, porque son llevadas a cabo por mensajes de texto en teléfonos inteligentes (smartphones), cuyos pequeños teclados desaconsejan los mensajes elaborados. Los posts de Twitter en 140 caracteres son emblemáticos del apocamiento de la duración de la atención. No tengo miedo de que la raza humana pierda control de sus máquinas tanto como tengo temor de que la raza humana se autodestruirá por las limitaciones del “tono de elevador” y el “tweet”; por la inhabilidad crónica de los tomadores de decisiones, tanto como del público en general, de entender completamente determinado asunto. (Incidentalmente, tenemos menos y menos reporteros de investigación en las organizaciones de noticias por la misma razón, por la brecha reducida de atención de los lectores/videntes, con el resultado de que la confiabilidad de las noticias de los medios está constantemente declinando).

Se ha hecho imposible organizar propiamente un viaje de senderismo porque los participantes, acostumbrados a twitear y enviar mensajes de texto, solo leen las primeras pocas líneas de un largo e-mail; pero, si no se preparan convenientemente, pueden verse en serios problemas en una gran montaña, quizá incluso morir. Ahora multipliquen este concepto unos pocos billones de veces para obtener las dimensiones de los mayores problemas de la humanidad, y entenderán porqué la última de mis preocupaciones es que las maquinas se vuelvan tan inteligentes y la primera de mis preocupaciones es que los humanos se vuelvan demasiado tontos.


Mientras tecleo esta oración, Elon Musk y otros se preocupan de que las máquinas se vuelvan tan inteligentes que incluso comiencen a construir máquinas más inteligentes; en vez de eso, yo me preocupo que la brecha de atención de las gentes se vuelva tan corta que pronto será imposible de explicar las consecuencias de esa brecha corta de atención. Yo no veo una aceleración en lo que las computadoras pueden hacer, pero si veo una desaceleración en la atención humana (si no en la inteligencia humana en general).

Scaruffi http://scaruffi.tumblr.com/

jueves, enero 01, 2015

Los 100 (y un poco más) artistas que más escuché en 2014

1 1  
2 2  
3 3  
4 4  
5 5  
6 6  
7 7  
8 8  
9 9  
10 10  
11 11  
12 11  
13 13  
14 14  
15 15  
16 16  
17 16  
18 16  
19 19  
20 20  
21 21  
22 22  
23 23  
24 23  
25 23  
26 26  
27 27  
28 27  
29 29  
30 30  
31 31  
32 32  
33 32  
34 34  
35 35  
36 36  
37 37  
38 38  
39 38  
40 38  
41 41  
42 42  
43 43  
44 43  
45 45  
46 45  
47 45  
48 45  
49 49  
50 50  
51 51  
52 52  
53 53  
54 54  
55 54  
56 56  
57 57  
58 58  
59 58  
60 60  
61 60  
62 62  
63 62  
64 64  
65 64  
66 66  
67 67  
68 68  
69 69  
70 69  
71 69  
72 72  
73 72  
74 72  
75 72  
76 72  
77 77  
78 78  
79 78  
80 80  
81 80  
82 80  
83 83  
84 83  
85 83  
86 83  
87 87  
88 88  
89 89  
90 89  
91 89  
92 89  
93 89  
94 89  
95 95  
96 95  
97 95  
98 95  
99 99  
100 99  
101 101  
102 101  
103 101